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Gastronomía

El Comal y la Tortilla de Maíz

El arte ancestral que sigue vivo en cada hogar hondureño

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El Comal y la Tortilla de Maíz

El comal y la tortilla de maíz forman parte del corazón cultural de Honduras. No son un simple acompañamiento: son base alimentaria, técnica heredada y símbolo de hogar.

La tortilla, hecha de maíz, conecta al país con la tradición mesoamericana milenaria, donde el maíz no era solo cultivo, sino centro de la vida: alimento, calendario agrícola, mito de origen y economía. El comal —tradicionalmente de barro y hoy también de metal— es la superficie donde la masa se transforma; su calor define textura, aroma y sabor.

En muchas casas, el sonido del palmoteo y el olor del comal caliente son señales de que el día está en marcha.

La Nixtamalización

El proceso tradicional comienza con la nixtamalización: cocer el maíz con cal, dejarlo reposar y lavarlo para luego molerlo y obtener masa.

¿Sabías que…? La nixtamalización mejora el valor nutricional del maíz: aumenta la disponibilidad de niacina y aporta calcio, además de mejorar la textura de la masa. Este descubrimiento técnico —desarrollado por pueblos mesoamericanos— fue tan importante que permitió sostener poblaciones grandes durante siglos. En términos culturales, es un ejemplo de ciencia práctica ancestral.

El Arte de Tortillar

Hacer tortillas parece sencillo hasta que se intenta. La masa debe tener hidratación exacta; el grosor debe ser uniforme; el comal debe estar a temperatura precisa para cocer sin resecar. La tortilla ideal "infla" un poco, señal de cocción correcta.

Dato curioso: muchas cocineras saben "leer" el comal por el olor y el sonido, y ajustan el fuego sin necesidad de termómetro. Además, el comal se "cura" con el uso: con el tiempo, la superficie mejora su antiadherencia natural y la tortilla sale más bonita.

Identidad en lo Cotidiano

La tortilla acompaña casi todo: frijoles, sopas, carnes, quesos, huevos, tajadas, guisos. También es utensilio: sirve para agarrar y para servir, y en muchas mesas reemplaza cubiertos. Su presencia diaria la vuelve identidad.

Aprender a tortillar es un rito familiar: madres, abuelas y tías enseñan a niñas y niños, transmitiendo técnica, disciplina y cuidado. En mercados rurales, se venden tortillas recién hechas envueltas en tela para conservar calor, y la gente distingue por vista y tacto cuáles son "buenas".

El comal y la tortilla recuerdan una verdad cultural: la nación se sostiene en lo cotidiano. La historia no solo vive en monumentos; también en el fuego del comal y en las manos que convierten granos en alimento.


Publicado: 14/01/2026 | Actualizado: 14/01/2026
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